Quién le tiene miedo…

Por Denis Fortun

En absoluto yo era esa personita de ojos azules, la niña de pelo rubio, que se ha convertido en un estereotipo que sublima a una pequeña buena y obediente; y de capucha roja muchísimo menos. Mientras conversaba conmigo, él se comportó siempre como el más seductor de los lobos y me provocaba una satisfacción casi morbosa; lo que me calentaba y me invitaba lo mismo a verlo en todo caso como a un semejante y no cual fiera, a la que debía temerle; sin dudas, el acto de encontrármelo en medio del bosque, me resultaba excitante.

Y yo me pregunto, ¿por qué la abuela no vino a nuestra casa a curarse el resfriado? ¡¿Mamá?! Bien que ella pudo ir a cuidarla. Y no, la muy zorra, con su fariseísmo constante ¿Lo hizo con toda intención? ¿Fue una madre insensible y despreocupada? El hecho de mandar a una menor, y sin compañía, por el bosque, creo que habla por sí sólo ¿Vale la pena a estas alturas una respuesta?

Recogiendo flores – un fino detalle sin dudas en la historia, que desvirtúa lo que sucedió realmente – trataba de ordenar mis ideas. Las descabelladas fantasías que se enredaban en mi cerebro, aunque me tomaron por sorpresa, no me molestaban. Algo ancestral se apoderó de mí desde el inicio, y aquel último encuentro intuía que iba a ser el prólogo de un suceso más intenso que los anteriores; que sin saberlo, irrespetaba a mi madre.

Mi Leñador sonríe con malicia. Su vista resbala por mis piernas – y más arriba y al centro también- con la evidente intención de cobrarme el rescate; qué remedio. Claro que un acontecimiento así afecta a cualquier familia, y la mía no podrá superarlo a pesar de los rumores que han empezado ellos mismos a correr, intentando falsear lo sucedido por la memoria de mi abuela, fallecida luego del supuesto rapto; y por compasión con mi padre, que se hunde en medio de una depresión lastimosa, borracho siempre, sin importarle si estoy viva o muerta.

Mi madre no permite que me vaya lejos. Yo en cambio, le imploro que me deje mudar sola a la casa que fue de mi abuela. Su respuesta es la misma a toda hora, un no rotundo. Hay momentos en que necesito descargar todo el odio y la tristeza que me corroe, y a veces mi ambivalencia emocional la conmueve; pero únicamente a veces. Se sabe culpable y no tiene la menor idea de cómo manejarlo. Portadora sana fue su diagnóstico. “Cada cuatro años será víctima de sus padecimientos – le dijo el doctor a los abuelos –, y a pesar de que en el tiempo restante aparente ser una muchacha normal, va a ser inevitable su recaída; hasta que un día, de una vez por todas, se ‘convierta’. Ella fue contagiada lo mismo que sucede con una enfermedad venérea, y por tanto, no puede tener descendencia”.

Pero todos dudaron. Primero, demasiado increíble a pesar de que lo hechos eran irrefutables. Después, demasiado tarde. “Con un padecimiento así, la niña va a convertirse en un ser marginal y el pueblo en su totalidad la va a rechazar – le repetía la abuela al abuelo –. Hay que esconderlo a como dé lugar. Ningún muchacho la va a querer de saberse lo que le pasa”. Y el abuelo, idéntico a papá, borracho a toda hora. Esperando cada cuatro años irse al bosque, hasta que Mamá se recuperara de su “transformación”.

El encierro es absurdo y no comprendo el comportamiento de mi madre. Alega que aún falta tiempo, y me lo dice con odio. La pobre, ella no me perdona que a las dos nos tocó el mismo Lobo. Tal vez ése es su sufrimiento mayor, al sentirse traicionada por él y por mí. Yo no tenía idea de lo que le había pasado. Sin embargo, a veces, cuando su sentimiento de madre florece por encima del de la mujer, he oído como culpa a “mi” Lobo ¿Y no sé porque lo hace en voz baja? Si es con la intención de que yo no la escuche, es por gusto, mis sentidos se agudizan cada día más, tanto del olfato como los otros.

Fue por el Leñador que supe la verdadera historia. Una historia que al parecer se repetirá de yo tener una hija, algo improbable creo. Dice que todo sucedió por mi abuela obligar a mi madre a que le llevase comida a mi bisabuela una vez que la pobrecita estaba enferma, con un terrible resfriado, y que Mamá se fue irritada al bosque porque no quería cumplir con el encargo. Me asegura el Leñador que mi madre demoraba demasiado en regresar y los abuelos empezaron a preocuparse, lo que los llevó a pedir ayuda a los vecinos más confiables para que la buscasen todos juntos.

Gracias a Dios, para evitar la vergüenza, los abuelos la encontraron primero. El Leñador me cuenta que ella dormía plácidamente sobre un colchón de hojas, desnuda, y en sus caderas el Lobo recostaba su cabeza con una expresión que sólo reflejaba el contentamiento que produce el verdadero goce. La abuela, presa del terror, tomó un enorme madero y comenzó a pegarle al Lobo – a mi Lobo – y éste, en vez de atacarla, se marchó con una terrible y cínica sonrisa, moviendo su cola, hasta perderse entre los árboles…

El Leñador no me permite que hablemos del pacto que le propongo y se irrita cuando le pido que me permita ver a mi Lobo, quien no deja de dar vueltas alrededor de la casa. Me responde que es mi madre quien toma las decisiones; imagino que lo hace por suponer que es ella la que únicamente tiene experiencia en estas cosas. En cambio, él me jura que no, que todo es más complicado, y que tenga paciencia; que habremos ella y yo de estar juntas en su momento, con él, y en igualdad de condiciones.

El Leñador me promete que no va a abandonarme nunca. Tonto enamorado. No sabe que mis ganas de morderlo en el cuello van en aumento, en lo que él no deja de mirarme a las piernas, y más arriba y al centro.

Port a Prince/Miami. Flight AA 1908

por Denis Fortún
publicado en Cuba Inglesa viernes 15 de enero del 2010

El piloto aún está en shock, mientras cuenta a un grupo de oficiales de Inmigración y funcionarios del aeropuerto de Miami lo sucedido.

En el primer temblor, la torre de control se viene abajo y se pierde la comunicación. La nave se mueve, salta. Todos están aterrados. El piloto llama por celular a Dallas Fort Worth: es la única forma que existe en ese momento para hablar y recibir instrucciones. La orden que le dan es precisa: “¡Tienes que irte cuanto antes, viene un segundo sismo y será mucho más fuerte!”. El piloto responde que quedan demasiados pasajeros por abordar, apenas son cuarenta y nueve los que están dentro del AA 1908. Dallas se mantiene firme, hay que moverse rápido, sin titubeos. Si continúan en tierra, se parte el avión en dos. “¡Tú eres responsable sólo por los que están a bordo!”.

Más de doscientas personas esperan en el puente de abordaje. El piloto y las aeromozas obedecen finalmente y empiezan la maniobra de despegue. Algunos, al descubrir que están cerrando la puerta del puente, logran escaparse del chequeo y consiguen llegar al avión. Golpean, gritan, exigen, suplican…

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El lamento de una haitiana

por Denis Fortun

La Mama al verme comenzó a llorar y balbuceó algo en creole, lo que no pude entender; dejo su carrito de limpieza a un lado y me abrazó con fuerza. Sentí como su pesado cuerpo, macizo, se desplomaba. Sigue leyendo

¿Lobo con piel de cordero?

por Denis Fortún

Publicado en Cuba Inglesa, martes 29 de diciembre de 2009

– ¿Sabes quién es el señor que hablaba contigo? –me preguntó Ricardo, un hondureño que trabaja en Aduanas.

– No –respondí secamente.

– Pues nada menos que el señor Lobo, el nuevo presidente de mi país –me aclaró con orgullo—. Dicen que el hombre se graduó aquí, en la UM. Hay quienes aseguran que también estudió en Rusia. Algunos allá, por eso, lo llaman “lobo con piel de cordero”.

– En ese caso –le dije sonriéndome—, es bueno que ustedes no boten a la basura el pijama presidencial. Nunca se sabe.

Ricardo, asintiendo, se río lo mismo, y continuó su trabajo.

De la serie Crónicas del Aeropuerto

La consigna

Por Denis Fortun
 
El profesor de Marxismo llegó ese día al aula con visible agotamiento, preocupado y, como siempre, después de sus matinales saludos, se empinó hasta el borde superior de la pizarra para escribir en letras mayúsculas su consigna: LA PATRIA PARA LOS TRABAJADORES. Tiempos difíciles, de compromisos, donde los enemigos del gran pueblo provocaban nuevamente, por lo que tenían lugar espontáneos y enardecidos mítines para defender las conquistas de la obra: fuerza que obligaba a los traidores a marcharse del país y en las formas más increíbles. Por supuesto, a los jóvenes se les exigía un pensamiento monolítico, radical; el profe… no cejaba entonces en su empeño de recordarle a sus muchachos del curso de Trabajadores Sanitarios, ejército de epidemiólogos que habrían de salvar al país de las enfermedades que enviaba el enemigo, quienes eran los verdaderos propietarios de la patria; sus “muchachos”, como él les decía en lo que a su relajado rostro asomaba una sospechosa sonrisa. Jóvenes a los que él se obstinaba en darles lo mejor, aún cuando tuviese que tropezarse con algún ingrato que no entendiese su amor para con su profesión y ellos mismos: mancebos descarriados en su mayoría que él gustoso iba a redimirlos, y que cuales Apolos perdidos en medio de una Troya sitiada, él consideraba que los debía salvar con su consigna, la que en fin de cuentas, cada mañana repetía y hasta la imaginaba como su modesta bandera.

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Novia política

Por Denis Fortun
 
Eso cuesta dinero, mucho dinero, y cuando quieres traer a alguien por la frontera, has de pagar por adelantado. Si no pagas, no pasa. Y lo peor, si no logras que se de el “brinco” como esperabas y, es asimismo por “causas ajenas” por lo que se jode todo, como fue nuestro caso al quitarle los oficiales de la aduana el pasaporte en el aeropuerto de Boyeros cuando lo del viaje a México, desde luego que perdiste “los dórales”, como dicen los guajiros de allá, sin caballos siquiera para tejer leyendas o comérselos.
 
Por eso vino lo de casarse con un preso político, del que supe más tarde, sus delitos contra “La Corona” se resumían en dos y los americanos le reconocían nada más el primero, que sucedió una noche en que el tipo, estando bien jalao en medio de un tremendo de apagón, en la misma puerta de su casa se cagó literalmente y a todo pecho en la madre de Fidel; sin mencionar apellidos, por lo que en el juicio su abogado, el Dr. Pinito Vela, aclaró que se refería al actor Pérez Michel. Una actitud que él, como jurisprudente formado por la revolución, reconocía que se trataba de un acto belicoso y en contra de las buenas maneras que nos enseña la moral socialista, pero que se justificaba por el viejo trauma que le había provocado el artista a muchos niños en la época en que se transmitía las aventuras de El Jaguar, que dicho sea de paso, a su defendido le afectó doblemente porque el pobre pequeño veía los episodios en casa de un vecino que una vez intentó “molestarlo” al aprovecharse este pedófilo, que se ocultaba en la fachada de un buen revolucionario, de que la pobre criatura no tuviera televisor en su casa.
 
Recuerdo que, en medio de sus nuevos preparativos, a mis espalda casi todos, un día recibí un correo de Yunisleydis después de hablarnos por teléfono 24 horas antes, explicándome ella de manera más detallada lo que no pude entender por esa paranoia que siente al saberse escuchada.
 
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Se busca una mamá en K-Mart

Por Denis Fortun
 
 
Sentí que algo o alguien me alaba por el pantalón. Al volverme, me tropecé con una niña de unos cinco o seis años que en una de sus manitas sostenía un Santa regordete. Ella sólo quería saber dónde se encontraba su mamá. Mi mujer la cargó y trató de consolarla. Sin embargo, la pequeña no parecía estar asustada; sus ojitos no mostraban miedo, si a caso dudas. Los dos fuimos con la pequeña al mostrador de servicio al cliente. Allí, una señora muy amable nos atendió. Le explicamos que la niña estaba perdida, que por favor, llamara inmediatamente por el audio para ver si alguna madre distraída aún no se daba cuenta que su hija la buscaba por toda la tienda. La mujer cambió su expresión de amabilidad por una que mostrara la gravedad del asunto, tomó el micrófono y dijo.

-Estoy buscando una mamá.

 

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  • Crónicas de mi alrededor… y otros cuentos

  • Denis Fortun

  • Crónicas de mi Alrededor, es una página en la que únicamente publico cuentos, fragmentos de mi novela inédita y, por supuesto, crónicas de lo que me sucede y vale la pena escribirse, o que me ha sucedido hace ya tiempo. Es un espacio sólo dedicado, por decirlo de alguna manera, a la narrativa, el que espero que usted al leerlo lo disfrute. Gracias
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