El Rey frente al espejo

por Denis Fortun
 
Luego de que su última reina falleciese debido a la rabia que le provocaba aquella muchachita de piel muy blanca y labios muy rojos, me llevó a lo alto de una torre y allí me escondió de todos. Únicamente él, venía a verme; es decir, a verse, y se pasaba horas mirándose, inmerso en innumerables pensamientos; dudas, algunas terribles; y a veces se comportaba como un pobre mortal repleto de tristeza. Lo extraño es que, jamás se le ocurrió hacerme una pregunta. Definitivamente, teníamos un acuerdo tácito, el que yo agradecía sin dudas; que mi parloteo, mi apego a la verdad, a punto estuvo de costarme caro y la difunta casi que me despedaza cuando le contesté que, la joven de los enanos, seguía siendo la más bella entre las bellas.
 
Pobre Rey, victima del enfrentamiento entre su preciosa hija y su linda Reina, la que no soportaba que otra criatura fuese más hermosa que ella, quedose solo, y yo sentía por él verdadera lástima. Aunque debo reconocer que también me asistía el ligero temor de que, un día cualquiera, fuese a deshacerse de mí. La vida de un espejo parlante no es un remanso de paz, entre otras cosas, por el acto de yo devolverle la imagen al que se mira en mí -que bien puede no estar satisfecho con lo que se encuentra delante-, haciéndole además comentarios que al oírlos no los apruebe y, al no querer romperse a sí mismo, pues corra yo el riesgo de que me quiebren en mil pedazos. Mucho se descubre de feo, de miserable, en un espejo.
 
Sin embargo, si el infortunio me ha perseguido siempre, es por mi enfermiza manía de hablar lo que pienso. Y es por ese amor a la verdad y por mi falta de sentido común que una tarde, en la que él estaba sentado enfrente de mí, hacía ya ni se sabe cuánto, yo me atreví a decirle.
 
-Reyes tristes respiran ahora por el universo. Pero tú, mi amo y señor, eres el más afligido de todos ¿Por qué no buscas nueva esposa?
 
Ensimismado, con sus ojos clavados en sus ojos, el Rey no me respondía. Después de un silencio corto, insistí de nuevo y agregué.
 
-¿Por qué entonces no expías tu dolor trabajando para el bien de tu reino?
 
Para mi sorpresa, comentó
 
-En algo estoy pensando.
 
Semanas más tarde hubo una fiesta en palacio y se hizo un concurso en el que todas las mozas interesadas en matrimoniarse podían aspirar a convertirse en la esposa del monarca. Por supuesto que, miles de muchachas se presentaron y, como es lógico, la más apetitosa doncella -una campesina famosa por sus curvas, sensualidad e ideas radicales- fue la agraciada elegida y al día siguiente se celebró la boda.
 
 

La luna de miel resultó increíble. Mi Rey regresaba a la vida con brios y poco a poco -dicen algunos que influenciado por su nueva conorte- empezaron a practicarse cambios dentro del reinado que favorecían, sobre todo, a los más desposeídos. Es claro que el prestigio de “rey bueno” empezó a aumentar, e igualmente se hablaba maravillas de la estrenada reina. Lo curioso es que, a medida que realizaba sus cambios, me visitaba con más frecuencia, y con un entusiasmo irreconocible en él, terminaba siempre su conversación con una pregunta.
 
-Dime espejo mágico ¿Hay Rey en el mundo, tan amorosamente dedicado a sus siervos, que llegue a comparárseme?
 
Yo, sincero siempre, le contestaba
 
-Reyes buenos respiran ahora por el universo. Pero tú, mi amo y señor, te destacas por tu bondad y amor al pueblo como ninguno. Tú y tu esposa -la que en cada conversación, yo le aconsejaba a mi buen Rey, que le prohibiera se tomara ciertas responsabilidades que nada más a un Rey le competen-, están gobernando de manera incomparable.
 
►►►
 
Una reforma, o una gran reforma, provoca que existan detractores y antagonistas -donde los haya-, y sus voces, primero se escuchan muy tímidamente, hasta que terminan por escandalizar y viene la gran revuelta. Las medidas populares de mi Rey, evidentemente influenciado por la Reina, comenzaron a traer cierto descontento en algunos que se consideraban perjudicados, y hubo protestas, las que primero él trató de controlar de forma civilizada, y que con el tiempo terminaron por cortarse de raíz -con cabezas incluidas-, más que todo por sugerencia de su amada, la que supe por él, insistía en visitarme, por lo que él dejó de hacerlo al negarle a ella tal privilegio.
 
Por supuesto, malos tiempos se desataron y miles de siervos escapaban por la frontera -su hija entre ellos, la bella muchacha de blanca piel y rojos labios, intolerante a las manzanas, acompañada de su príncipe y sus enanos- y otros reinos vecinos no aprobaban la gobernatura de mi soberano. Claro que hubo presiones internacionales, las que provocaron que la bonaza del inicio desapareciera de una vez del reino. Esto desencadenó un descontento general, y los que antes lo apoyaban, ahora se declaraban sus enemigos; su esposa la primera, quien lo acusaba de mano blanda. El caso es que, a mi pobre Rey, una noche intentaron asesinarlo.
 
Fue esa madrugada en que regresó a mi cuarto en la torre y me habló de sus preocupaciones; de su mujer, la que no conseguía controlar y, de la que sospechaba, estuviese involucrada en el atentado; de sus proyectos para una conformar una república; de sus sueños de pasar a la historia como el único rey-presidente -sin que otro pudiese suplantarlo-, dispuesto a ayudar a los pobres, aunque para eso tuviese que volver pobre a sus servidores una buena parte de sus vidas hasta que por fin se consiguiese la ansiada prosperidad general; concluyendo su conversación con una pregunta.
 
¿No soy yo, el Rey más preocupado por su pueblo, que gobierna en el universo?
 
Esta vez, guardé silencio y desde entonces no me atrevo a articular palabra alguna, a pesar de que él continua sus reiteradas visitas y se pasa horas y horas mirándose encima de mí…
 
 
 

 

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3 comentarios

  1. Gracias Dahpne. Un beso y sigue viniendo por aquí que las historias para “niños viejos” continuan

  2. Dennis,

    Me encantan estas “versiones” de Disney y otros cuentos para adultos. Aunque te confiezo que hasta ahora mi favorito a sido de Caperucita.
    Un beso.

    • Pegué el comentario lleno de faltas de ortografía. Discupa a esta humilde servidora que esta despierta desde las 5:00 am.
      Otro beso,


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